
La mayoría de nosotros, en nuestro día a día, estamos expuestos a diferentes situaciones que nos generan estrés: el ritmo de vida actual, el carácter impredecible de muchos de los acontecimientos que nos rodean, las pérdidas y decepciones que sufrimos, etc.
Sin embargo, no todos reaccionamos ni afrontamos de la misma forma esos eventos.
Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué hay algunas personas que aún a pesar de las circunstancias, no sólo funcionan de forma eficaz, a nivel físico y psicológico, sino, que además, son capaces de prosperar? La realidad es que ante una misma situación siempre podemos elegir nuestra forma de reaccionar ante ella.
Independientemente de como sea nuestra personalidad podemos aprender estrategias que nos enriquezcan y que nos ayuden a evolucionar y a generar cambios.
La personalidad resistente al estrés parece ser un camino a la resiliencia y al crecimiento; a pesar de las circunstancias estresantes con las que nos encontremos.
El concepto de personalidad resistente aparece por primera vez en la literatura científica en 1972, en relación a la idea de que tiene un efecto de protección frente a los estresores.
Son Kobasa y Maddi los autores que desarrollan este concepto; a través del estudio de aquellas personas que ante hechos vitales negativos parecían tener unas características de personalidad que les protegían.
El patrón de personalidad resistente al estrés consiste en una serie de actitudes y acciones que ayudan a transformar las situaciones estresantes de potenciales desastres a oportunidades de crecimiento.
Esto no significa que quienes hayan desarrollado una personalidad resistente sean inmunes ante cualquier circunstancia; al igual que todos, sufren y padecen las situaciones negativas que se presentan en su vida como: la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, una mala situación laboral…
Sin embargo, y es ahí donde radica la diferencia, son capaces de sobreponerse y seguir adelante; a través de la aceptación de lo que les ha ocurrido y de la toma de decisiones, intentan sacar lo mejor de sí mismos para cambiar las circunstancias que le rodean.
La personalidad resistente, por tanto, hace referencia al conjunto de características que capacitan a la persona para enfrentarse activamente al estrés y que la protegen ante ciertas experiencias vitales negativas.
Kobasa (1979) detectó que los individuos con personalidad resistente tenían una serie de características en común; suelen ser personas de gran compromiso, control y orientados al reto.
El compromiso es la creencia de que, a medida que los acontecimientos estresantes aumentan, es importante implicarse con las personas, las cosas y el entorno; en lugar de desvincularse, aislarse, o alinearse de los mismos.
La persona cree en lo que hace, y se compromete con aquello que le importa, ya sea en el ámbito personal, laboral o social; su empeño por alcanzar su objetivo es constante, pese a las dificultades que puedan ir surgiendo.
La actitud de control tiene que ver con la creencia de que es mejor seguir luchando e intentar, dentro de nuestras posibilidades, cambiar una situación, en lugar de caer en la pasividad y la impotencia.
Cuando una persona se siente autónoma y cree que a través de su esfuerzo puede influir en lo que le ocurre, el estrés percibido es menor; ya que deja de verse a sí misma como víctima de las circunstancias externas para tomar las riendas de su vida.
Finalmente, la actitud de reto significa asumir que la vida tiene una faceta estresante por naturaleza y querer aprender continuamente de la experiencia, ya sea ésta positiva o negativa, en lugar de vivir siempre sobre seguro, evitando la incertidumbre y las posibles amenazas.
Aceptar y entender que en la vida el cambio es más frecuente que la estabilidad, permite enfrentarse a las situaciones nuevas de una manera más positiva, efectiva y útil; en lugar de vivirlas como una amenaza y quedarse estancado; la actitud de reto posibilita tomarse los cambios como una oportunidad para mejorar y avanzar.
Estas tres actitudes que conforman el patrón de personalidad resistente proporcionan el coraje y la motivación necesarios para afrontar las situaciones estresantes de forma precisa; en lugar de negarlas o catastrofizarlas.
Además de las actitudes de compromiso, control y reto, para transformar los estresores en oportunidades de crecimiento; también se necesita de una serie de acciones resistentes como son:
- El afrontamiento resistente consiste en tratar las circunstancias estresantes como problemas que han de ser resueltos en vez de ser evitados.
- El apoyo social resistente se fundamenta en una interacción con los demás en las que se da y se recibe ayuda y ánimo; en vez de actuar de forma competitiva o sobreprotectora. Las relaciones sociales pueden ayudar a motivar a las personas a afrontar de manera efectiva el estrés y a llevar a cabo un estilo de vida saludable.
- El autocuidado resistente tiene que ver con el mantenimiento de un nivel óptimo de energía o activación (a través de pautas de relajación, nutrición y ejercicio físico), que facilita las acciones de afrontamiento y de apoyo social.
En conjunto, el patrón de estas actitudes y acciones facilita la toma de conciencia de que es uno mismo el que formula el significado de su propia vida mediante las decisiones que toma; y de que elegir regularmente el futuro, a pesar de la ansiedad que la incertidumbre asociada implica, conduce a una vida más vibrante.
La personalidad resistente tiene un efecto mediador entre el estrés y los diferentes trastornos asociados a éste.
Aunque es considerada como un patrón de personalidad; diversos estudios han demostrado que es posible, a través del entrenamiento desarrollar las actitudes (compromiso, control y reto) y acciones resistentes; y de esta manera lograr los beneficios que conllevan como factor de protección para la salud:
- Gestión adecuada de las situaciones de estrés; reduciendo su impacto sobre la salud física y psicológica.
- Se reduce la posibilidad de “quemarse” en el trabajo (“síndrome de burnout”).
- Aumenta la percepción de control sobre los acontecimientos de la vida.
- Mayor tolerancia ante el cambio y los nuevos desafíos.
- Se desarrollan estrategias más eficaces para afrontar las situaciones problemáticas.
- La percepción de que se pueden lograr las metas propuestas aumenta; con lo cual el abandono de retos es menor.
El entrenamiento que proponen Kobasa y Maddi consta de tres técnicas: reconstrucción situacional, focalización y autocompasión; con las que el sujeto aprende a enfrentarse transformando las situaciones y resolviendo el problema.
Lo importante de la interrelación de estas tres técnicas es que permiten, en su conjunto, enfrentarse directamente a los problemas, tomar la iniciativa en la toma de decisiones a la hora de determinar los juicios entre realidad y probabilidad.
En conclusión, la persona con personalidad resistente al estrés ve las situaciones potencialmente estresantes como interesantes y con significado personal (compromiso); como modificables y bajo su influencia (control); y como algo normal en la vida y una oportunidad de cambio y de crecimiento (reto); en vez, de amenazantes, destructivas, negativas, incontroladas, etc…amortiguando así, el impacto de los eventos vitales estresantes.