
La resiliencia se define como la capacidad de los seres humanos sometidos a los efectos de una adversidad, de superarla e incluso de salir fortalecidos de la situación.
Para el psicólogo Jacinto Inbar, la resiliencia es la capacidad para:
- Soportar las crisis y las adversidades en forma positiva.
- Afrontar de manera efectiva situaciones de estrés, ansiedad y duelo.
- Adaptarse de manera eficiente e inteligente a los cambios.
- Resistir y sobrellevar los obstáculos en situaciones de incertidumbre.
- Crear procesos individuales, grupales y comunitarios en circunstancias críticas.
Ser resiliente no significa no sentir malestar, dolor emocional o dificultad ante las adversidades, sino sobreponerse de los sucesos y adaptarse bien a lo largo del tiempo.
La resiliencia se manifiesta cuando sé es capaz de recobrarse y recuperarse para continuar con su proyecto de vida individual, de pareja, familia y comunitario.
Características de las personas resilientes
Las personas resilientes poseen tres características principales: saben aceptar la realidad tal y como es; tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido; y tienen una inquebrantable capacidad para mejorar.
Además, también se caracterizan por:
- Identificar de manera precisa las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse en el futuro.
- Ser capaces de gestionar sus emociones, sobre todo ante la adversidad y permanecer centrados en situaciones de crisis.
- Saber controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión.
- Tener un optimismo realista. Es decir, piensan que las cosas pueden ir bien. Tienen una visión positiva del futuro y creen que pueden controlar el curso de sus vidas, pero sin dejarse llevar por la irrealidad o las fantasías.
- Confiar en su propia competencia y capacidades. Tienen una mejor autoimagen y se critican menos a sí mismas.
- Ser empáticos. Es decir, tienen una buena capacidad para leer las emociones de los demás y conectar con ellas.
- Ser capaces de buscar nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr más éxito y satisfacción en sus vidas.
- Cometer menos errores de pensamientos (como la exageración o sacar conclusiones precipitadamente, sin evidencias que las corroboren) e interpretar la realidad de un modo más exacto que las personas menos resilientes.
¿Hay personas resilientes y otras que no lo son?
La resiliencia no es algo que se tenga o no se tenga, sino que implica una serie de conductas y formas de pensar que cualquier persona puede aprender y desarrollar.
Y no solo eso, la resiliencia no es algo estable, ya que una persona puedes ser resiliente frente a un trauma de un tipo y no frente a otros. Es más bien algo dinámico que se construye en interacción con el contexto social que lo rodea.
En palabras de Boris Cyrulnik: “la resiliencia se teje: no hay que buscarla sólo en la interioridad de la persona ni en su entorno, si no entre los dos, porque anuda constantemente un proceso íntimo con el entorno social”.
¿Cómo se puede desarrollar la resiliencia?
La resiliencia se trata de una serie de habilidades que se pueden desarrollar y potenciar. Como en todo, la clave está en construir una estrategia personal, realizando aquellas actividades que te permitan aumentar tu resiliencia. En este sentido, algunas sugerencias son:
- Cuida tus relaciones. Establece relaciones sinceras de cariño, apoyo y confianza dentro y fuera de la familia. Estas personas son las que estarán contigo en los momentos difíciles.
- Afronta los problemas y busca soluciones. No puedes evitar que te pasen cosas desagradables, pero sí puedes cambiar la manera en que los interpretas y reaccionas ante ellos. No huyas del problema, piensa que es un reto que hay que superar; tienes la capacidad suficiente como para afrontarlos y encontrar soluciones apropiadas.
- Establece metas y objetivos. Proponte metas realistas que te ayuden a empezar a cambiar aquello que deseas cambiar. Ponte objetivos muy a corto plazo, y cúmplelos. Ver cómo consigues dar esos pequeños pasos te animará a seguir el camino hacia tu meta.
- Acepta la realidad. Si no aceptas la realidad tal y como es nunca podrás cambiarla. El cambio forma parte de la vida. Hay circunstancias que no puedes cambiar, acéptalas para que tu atención pueda enfocarse en las que sí puedes modificar.
- Actúa. No ignores ni te quedes paralizado ante los problemas, no van a desaparecer por arte de magia. No te desanimes si muchas de las soluciones no funcionan, lo importante es que lo estás intentando; sigue generando soluciones y continúa trabajando.
- Confía en ti. Cree en tu capacidad para resolver problemas y confía en tus instintos; realmente no sabes lo que puedes hacer hasta que no lo intentas.
- Sé optimista. No se trata de que dejes de ser realista. Una visión optimista de la vida te permite tener esperanza de que la situación cambiará en el futuro, y sobretodo de que eres capaz de controlar tu vida y hacer los cambios necesarios para mejorarla.
- Genera nuevas fortalezas. Los problemas son retos que te encuentras en la vida, a menudo te empujarán a cambiar tu punto de vista y hacerlo más amplío y flexible, te harán madurar y ver el mundo y a los demás desde otra perspectiva. Es una gran oportunidad para aprender algo sobre ti mismo y sentir que has crecido de alguna forma a nivel personal.
- Cuídate. Tomate tiempo para descansar y recuperar fuerzas. Haz uso del sentido del humor; practica la relajación y el ejercicio físico regularmente. Cuidar de ti misma te ayudará a mantener tu cuerpo y tu mente preparados para enfrentar situaciones que requieran resiliencia.